No puedo permitirme el lujo de seguir dejando pasar el tiempo sin enseñaros mis niñas. Es increíble lo rápido que estas criaturitas se convierten en el centro de tu vida…de hecho prácticamente acaparan todo, todo gira en torno a ellas. Me reitero, COMPENSA. Cuando Paula te dice “Papa te iero muxo” se te olvida todo; o cuando un día bajando las escaleras descubres que con 21 meses sabe contar hasta 10 (y te preguntas ¿quién coj… le ha enseñado a contar?);o, sin duda, cuando te pide que le pongas el himno del Sevilla y lo baila, tararea el OhOhOh (junto con el Arrebato y su padre) y te demuestra que se sabe la letra… lógico por otro lado y es que 2 títulos en sus 22 meses aficionan a cualquiera; no es que yo haya influido. Ella lo ha aprendido sola. Y ahora la chiquitina, Irene, bautizada en el propio parto con el nombre deseado por su madre (no podía ser de otra forma), a las 5.10 A.M. del 11 del 11. Ahora mismo es un bebe estupendo, que esperemos siga así hasta que, terminada la Universidad, se vaya de casa.
Uno trata de mantener sus espacios, pero ellas lo inundan todo.
La figura de Maru, centro neurálgico de mi vida (sin ella hoy estaría perdido o tendría que hablar con Elle McPherson para que tuviera a bien sustituirla jejeje…), ya no es sólo mi pareja, ahora es también quien mejor las entiende, y ellas demandan su atención porque así lo intuyen y lo sienten.
Inundan mi tiempo “libre”, lo reducen a la mínima expresión y sólo consigo, por algunos pequeños resquicios, dedicarle algo de atención a mi familia y amigos. Esto no es una excusa, no tengo porque disculparme, es simplemente la realidad.
Y el caso, es que no jugar a la Play, al padel, salir frecuentemente…etc., etc. casi no te importa siempre que ellas estén bien.
Es increíble como te desarrollan los sentidos. A mi particularmente, me levantan un instinto de protección superfuerte. Al que las toque….
y también me ha subido la paciencia… sin duda siempre he tenido entre mis dos o tres mil defectillos el de ser un impaciente, sin embargo con ellas es distinto.
En fin, que las quiero mucho. Eso sí, el día que aparezcan en casa con un maromo me muero del disgusto y prometo desde ya, que todos mis kilos caerán implacablemente sobre ellos. Ya se lo repito a menudo; de hombres hasta después de la Universidad, ná de ná….
Uno trata de mantener sus espacios, pero ellas lo inundan todo.
La figura de Maru, centro neurálgico de mi vida (sin ella hoy estaría perdido o tendría que hablar con Elle McPherson para que tuviera a bien sustituirla jejeje…), ya no es sólo mi pareja, ahora es también quien mejor las entiende, y ellas demandan su atención porque así lo intuyen y lo sienten.
Inundan mi tiempo “libre”, lo reducen a la mínima expresión y sólo consigo, por algunos pequeños resquicios, dedicarle algo de atención a mi familia y amigos. Esto no es una excusa, no tengo porque disculparme, es simplemente la realidad.
Y el caso, es que no jugar a la Play, al padel, salir frecuentemente…etc., etc. casi no te importa siempre que ellas estén bien.
Es increíble como te desarrollan los sentidos. A mi particularmente, me levantan un instinto de protección superfuerte. Al que las toque….
y también me ha subido la paciencia… sin duda siempre he tenido entre mis dos o tres mil defectillos el de ser un impaciente, sin embargo con ellas es distinto.
En fin, que las quiero mucho. Eso sí, el día que aparezcan en casa con un maromo me muero del disgusto y prometo desde ya, que todos mis kilos caerán implacablemente sobre ellos. Ya se lo repito a menudo; de hombres hasta después de la Universidad, ná de ná….